domingo, 2 de mayo de 2010

Otra vez el domingo


La mañana del domingo si me gusta.Los vecinos duermen ,mi hija duerme , los bichos de la casa duermen, mi ventana se dora de sol, me escriben mis amigos y yo contesto, saboreo mis mates amargos, mi pijama y mis pantuflas, se aquieta mi espíritu de la aceleración que lo excita durante la semana, por ser mañana de domingo decía me parece que estoy un poco densa.
Para la sociedad (léase conjunto de personas donde estoy ¿inmersa e incluida?) hoy es el día de la madre y ya arranque llorando por un fw de esos que te aflojan la lágrima. También acosé a un ser vivo con algunas de mis ideas reiterativas acerca de matar el domingo. Y… uno es así. Por estos días vengo repitiendo que es tiempo de resucitar – puaj que palabra- porque a veces uno muere. ¿Cuándo? Sencillo
· Cuando hace lo que quieren los demás: ese paquete que se llama sociedad, buenas costumbres, reglamentos, apariencias.
·Cuando un calla y no dice lo que piensa
·Cuando uno no pelea por lo que quiere

Por esa magia que tiene esto del tiempo para el que esta leyendo sigue siendo el mismo momento pero para mi es ya la tarde de este domingo. Releo lo que puse y ¡basta! Ya estaba pareciendo a una mezcla pastosa de Cohelo y Bucay y saben… esta vez no la quiero matar a la tarde. Es una de las más lindas que he tenido en los últimos tiempos.
Leo una entrevista a Saramago en la Ñ; dice:”Yo siempre estoy preocupado aquí porque los pájaros tengan agua, son cosas tontas pero alguien tiene que encargarse porque si no tienen agua aquí pues la encuentra en otro lugar.(…) Por eso creo que yo tengo un vínculo natural, espontáneo en el sentir del paisaje, el cielo, las nubes”. Sigue pero yo escucho un ruido, levanto la cabeza y veo un agrisado cachilo con su copete prolijo dándose un baño en una canaleta de un techo que veo desde mi patio .Para él es un spa pensé y sonreí.Es pura magia, son los pájaros de Saramago. Sigo leyendo "Yo he vivido una relación con la naturaleza que se dio naturalmente: un canto, un árbol, el río. Cosas que son el mundo mismo .No es la naturaleza abstracta; es la cobra, la serpiente, el sapo…”
Otro ruido, busco arriba y ahora es una paloma pero no viene por un baño, tiene sed y toma en el mismo lugar donde el cachilo se bañó. Pienso:”Son el mundo mismo”,que bueno percibirlo ,que buena tarde de domingo .No encontró hueco la soledad. Me acompañan Saramago , el cachilo , la paloma, mis gatitas que duermen amorosamente encimadas, la perra atrás mío redondea su sueño. Todo es plácido , sencillo. Un profesor de filosofía italiano anuncia en otra página de la Ñ: Bestias, hombres…¿cuál es la diferencia? Somos el mundo mismo ,repito a Saramago

Matar el domingo

·El río baja por las costas con su alternada indiferencia y la ciudad lo considera como una perra perezosa
·El estilo no es una cuestión de escritura
·Nadie se enriquece leyendo si a la vez no es capaz de chupar un durazno aprovechando que tiene una mano desocupada para llevárselo a la boca, si no hace el amor entre dos páginas, si no se asoma a la ventana para saber que 50 niños murieron quemados el último mes en la zona de Raigón, y que en Biafra los nigerianos ayudados por el noble Reino Unido degollaron a todos los heridos de un hospital. (Último Round)

Encuentro estos tres ítems en una hoja entre más hojas que escribí un
domingo a la tarde cuando trataba de matarlo, al domingo digo, estaba frente a paneles que mostraban a Cortázar y sus formas. La hoja era de una libreta, arrancada por una chica que me la ofreció gentil junto a una birome que nunca pude devolverle. Y si… son esas cosas que le pasan a uno cuando tiene la lágrima a flor de piel, la de las tardes de domingo. Además esa chica era parte de un pasado que dolía mucho y estaba allí, también en la muestra de Cortázar, pero esa es otra historia.
Ahora que llueve, que es viernes a la tarde y no
domingo y la tristeza no viene porque no es su día, puedo escribir sobre lo que siento, puedo dejar registrado en este blog que de pronto olvidé, todo lo que me gusta Cortázar, la manera exquisita que tiene de emplear , moldear, manipular y disponer de las palabras.
De fondo Yann Tiersen insiste con su Rues des Cascades en llevarme a tierras lejanas. Que placer…
Permiso , ya vuelvo, voy a preparar unos mates. Por suerte todavía falta para tener que matar otra
tarde de domingo

sábado, 1 de mayo de 2010

Recordando

GALEANO EN ROSARIO

Es imposible , cuando se cita la obra de Galeano, no mencionar la diversidad de las voces que la pueblan. Personajes con nombre y apellido transmiten la emoción propia de seres humanos reales, oprimidos, olvidados o queridos

Su presencia, en una improvisada charla con “el negro” Fontanarrosa, presentando su libro “Voces del tiempo” fue un bálsamo reparador ante tanta incongruencia ciudadana.

Ese mismo día, yo le había escrito una carta al Intendente de nuestra querida ciudad reclamando su atención para espacios de cultura que se ahogan, como lo son el Centro Cultural Fisherton y la Casa del artista Plástico; le hablé de lo efímero del Congreso y de las imperecederas manifestaciones de la cultura popular que necesita de ámbitos adecuados para desarrollarse.

Pero esa noche estuve frente a él, el temblor me abarcaba y solo pude balbucear que el libro que le daba para ser firmado estaba deshojado por mis ojos, que gracias y que de nuevo gracias y que si lo podía besar otra vez. Y él estaba allí , amoroso, solícito, recibiendo a todos como si fueran uno solo. Acarició la tapa de “Amares” y me dijo: así tienen que estar los libros... gastados.

Como lectora me había involucrado en sus pequeñas historias y eso le otorga a una cierta complicidad con el autor, una juega con descubrirlo, cree que lo conoce , se lo imagina investigando , escribiendo; cae en la trampa pueril una y mil veces, ignorando al narrador, buscando al autor en cada línea.

Regresé a casa embriagada de Galeano, recordando algunas de expresiones: los pueblos pequeños debemos unirnos para no ser dominados, debemos rescatar nuestra identidad. Volví a emocionarme con sus historias mínimas y perdurables, sentía que las inflexiones de su voz tienen la misma dulzura y seducción que sus escritos. Pude compartir con mi hija y sus amigos , adolescentes todos , la experiencia vivida. De pronto se armó un improvisado homenaje. Ella comenzó a leer el cuento “La muchacha con el tajo en el mentón” y la emoción no la dejó terminar. Otra muchacha continuó la lectura. El silencio se instaló, las lágrimas contenidas brillaban en el borde de los ojos , alguna resbaló.

Dos generaciones vibrando al unísono ante la escritura atemporal de un escritor comprometido con su tiempo y ya un clásico para ser disfrutado